Punto y coma para cuando no quieras cambiar de tema pero sí de idea.
Acá estamos de nuevo, mirándonos las caras, siguiendo nuestras sombras sobre el pavimento.
Y así fue, como el hada madrina le concedió un deseo a la triste servatilla, justo cuando sentía que no sería capaz de dar un solo paso más.
Su lágrima, aquella lágrima que en la comisura de los labios se convertía en una débil sonrisa se perdió para siempre bajo la maravillosa dicha que la acompañaría por el resto del tiempo (si ella así lo quería, claro está).
La sonrisa desborda, la sonrisa sólo quiere ser compartida, misteriosamente sabe hacerlo perfectamente, como si siempre hubiese estado allí. Tal vez nunca se fue, sólo estaba escondida de tal sufrimiento sin sentido que su dueña acordó sentir.
Ahora.
Observa con sus ojos vidriosos, abiertos como tratando de llegar a llenarse de todos los colores, con sus manos sueña lo que vendrá, con sus pies puede oir al viento susurrarle que no será fácil, con sus labios pronuncia aquellas palabras que siempre quiso escucharse decir.
El hada madrina siempre supo que le hacía falta, siempre, un empujoncito para poder sonreír como la princesa que siempre ha sido.
Wednesday, February 7, 2007
Without Tittle
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