Dos, tres, cuatro pasos silenciosos y llegó a la cama que la acogería como siempre, a las sábanas que la abrazaban con ternura, con esa familiaridad que se extraña cuando no se está en casa.
Miró hacia el techo, acomodó la almohada con desgano y se puso a llorar. Esta vez utilizó un llanto silencioso.. no es que lo haya hecho deliberadamente, pero esa era la única forma de que no la escucharan los demás.
A veces intento controlar el llanto, este llanto, y además, ese tono melancólico triste que me ahoga cuando tengo que decir algo importante, cuando quiero decir algo que no me gusta... cuando tengo que enojarme y mi corazón se hace tristeza..
No puedo.
Lo siento. Pero es mejor fingir que tocar la realidad con la punta de los dedos. Es mejor a veces, generalmente no, pero en ese momento, cuando miraba el techo y me preguntaba por qué estaba llorando me di cuenta de que no se trata de querer, se trata de querer... del otro querer, del que precede al amar... del querer que aún no sabemos apreciar.
No se trata de querer. Ni de poder... se trata de querer.
Subscribe to:
Post Comments (Atom)

No comments:
Post a Comment